Matérico

Exposición del artista Pablo Gamboa en el Centro Cultural de la PUCE

Estuve en el Centro Cultural de la PUCE recorriendo la exposición de Pablo Gamboa. Conozco su trabajo desde hace unos ocho años, cuando visité su taller por primera vez. Esta vez fui con la expectativa de encontrar un nuevo giro en sus formatos, técnicas o temáticas, pero me topé con una especie de retrospectiva donde sentí que la propuesta se mantenía en el mismo lugar. Caminando por la sala, conversé sobre el tema con una artista. Ella me decía que no ve ningún problema en la repetición. Su comentario me dejó pensando en mi rol como crítica de arte: ¿El "estancamiento" está realmente en la obra o es mi propia expectativa la que busca algo nuevo?

Me llevé esta interrogante a casa y reflexioné sobre la "difrencia y repetición" en la obra de arte; un tema que ya lo había estudiado antes en la producción de otro artista y que volvió a aparecer esta vez en la obra de Gamboa. Luego de darle vueltas en mi cabeza por varios días, entendí que en la reiteración de sus ensamblajes y residuos no hay estancamiento, sino una continua transmutación. La obra que regresa año tras año reaparece transformada por el tiempo y la resistencia del material. En esa repetición opera una potencia que no agota su propuesta, sino que la consolida y la complejiza.

Sin embargo, me queda una inquietud más incómoda. Conociendo la postura política tan directa y radical que Pablo expresa en sus canales personales, esperaba ver esa fuerza traducida en la materia pictórica y plástica. Me pregunto si existe un temor a la represión que frena la libertad de llevar ciertas posturas al arte, o si los espacios institucionales sencillamente no están abiertos a acoger esa confrontación. A veces, quienes escribimos sobre arte también nos reflejamos en ese silencio. Entiendo la delgada línea que separa la postura crítica del adoctrinamiento político, pero sigo creyendo en la fuerza del arte cuando se arriesga a decir y a expresar.





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