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Deseo de Atlas de deseo

Foto del escritor: María Elisa Flores
María Elisa Flores
21 sept
2 min de lectura

Exposición del artista Fabiano Kueva en la galería N24



La obra de Fabiano suele ser compleja, densa y profundamente conceptual, lo que en ocasiones puede generar distancia al primer contacto del visitante común. Sus propuestas suelen exigir del espectador un esfuerzo de investigación y reflexión. No es una obra pensada y creada para la contemplación puramente estética.



Al ingresar a la sala de la galería, me recibió una maleta abierta con un tocadiscos vintage con su respectivo disco de vinilo. La voz del cantante Roberto Zumba, cuya melodía en sonido analógico evocaba un tipo de añoranza; me hizo pensar que es un tema que escucharía alguien que ha vivido fuera del país por mucho tiempo. Más adelante, una pared de retratos en Polaroid captura memorias de personas que intuyo marcaron su vida; una constelación visual que me remitió al "Atlas Mnemosyne" de Aby Warburg. Un montaje de imágenes fragmentadas que desafían la cronología lineal para construir un mapa de la memoria a través de la libre asociación.



El recorrido experimenta un quiebre con un video que en mi percepción sentí desvinculado del hilo conductor (¿acaso un registro de los lugares donde habitó?). Esto introduce una pausa en la narrativa visual, sugiriendo una introspección que contrasta con el resto de las obras, es la magia del video, el corte que genera la imagen en movimiento. El recorrido continúa a través de papeles blancos suspendidos en el aire y que parecen flotar. Estos papeles contienen textos fragmentados que a primera vista podrían ser de autoría del artista, de sus diarios personales posiblemente. Cada palabra y cada frase se convierten en un reflejo de su interioridad y ofrecen un vistazo a sus pensamientos más íntimos, incluso eróticos en algunas ocasiones. Es aquí donde descubrí un elemento común entre la pared de retratos en polaroid y el muro con los papeles colgados: al tomar distancia física de estos objetos, se revela un mensaje que trasciende las imágenes. De lejos, se lee las palabras "suelo", "hambre" y "deseo"; mientras que en la serie fotográfica se develaba la frase "alimentar el fuego". A través de estas pistas de lectura escondidas, el artista explora temas de la existencia humana; el anhelo, la necesidad, el arraigo, los vínculos.



Al fondo de la sala, un televisor de caja, análogico al igual que el tocadiscos, emite imágenes que capturan la atención de los visitantes. Los fragmentos que se proyectan parecen ser extractos de un intercambio de correos electrónicos. Este dispositivo no solo complementa la narrativa visual de la exposición, sino que también invita a la reflexión sobre la comunicación en la era digital.

De esta manera concluye el relato de lo que parece ser una autobiografía del artista.



A veces, las obras complejas solo necesitan que nos permitamos sentirlas antes de intentar racionalizarlas. Aunque disfruto de la libre interpretación, considero fundamental los textos de sala, pero recordé que esto es una galería y no un museo. Yo prefiero ir preparada e investigar antes de ir a este tipo de expos, en esta ocasión entré de forma espontánea al estar de paso por la galería. Por ello, espero volver pronto para participar de la mediación con el artista o el galerista, y contrastar si mi lectura intuitiva estaba errada.


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